Licenciado por la marca de útiles escolares Crayola, el juego combina plataformas sencillos con acertijos que se resuelven coloreando el entorno con el lápiz táctil, en una premisa que aprovecha bien la identidad de la marca para justificar su mecánica central. Apunta a un público infantil que recién se inicia en los videojuegos, con una dificultad muy amable y un tono luminoso acorde a la marca que lo respalda.
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