Formula One 2000 traslada el campeonato real de ese año a la portátil de Nintendo, con equipos y trazados basados en la temporada oficial. Fue uno más de los tantos juegos de F1 con licencia que llenaron el catálogo de Game Boy Color en el cambio de milenio, apuntando directo a los fanáticos de la categoría.
No es una referencia del género de carreras -la portátil impone límites claros a la sensación de velocidad- pero conserva el atractivo simple de manejar un monoplaza con nombres y colores reales en la palma de la mano.

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