Con el nombre de uno de los tenistas más icónicos de los años 70 y 80 como reclamo, este cartucho ofrece partidos de tenis con el control simplificado típico de la Game Boy, apuntando a un público que reconocía al campeón por su carrera profesional.
Es una muestra más de cómo las licencias deportivas de figuras occidentales también encontraron hueco en el catálogo japonés de la consola, aunque con menor repercusión que en su país de origen.

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