Cuarta entrega numerada de la serie (1987): carreras de trote y fondo donde avanzar exige zancadas auténticas sobre la alfombra de sensores, administrando el aire propio más que el del personaje. Bandai perfeccionaba así su invento: el cartucho-entrenador. Visto desde hoy, un antepasado directo y honesto de toda la industria del ejercicio gamificado.

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