Jaleco aplicó su fórmula deportiva incendiaria al baloncesto juvenil: partidos dos contra dos, ritmo arcade y esa épica del esfuerzo tan japonesa que hasta el título arde. El formato reducido le sienta bien a la Famicom, con canchas legibles y jugadas rápidas. Pieza menor pero simpática del imperio deportivo Moero de finales de los ochenta.

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