Segunda entrega antes del salto que cambiaría todo con GTA III, mantuvo la vista cenital pero sumó un sistema de facciones criminales rivales y ciudades futuristas más grandes y densas que el original. Recibida con menos fanfarria retrospectiva que su predecesora o su sucesora en 3D, funciona como el eslabón de transición que perfeccionó la fórmula clásica de Rockstar justo antes de abandonarla para siempre.
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