Tercera entrega especial de Pachio-kun, confirmación de que la mascota rodante del pachinko tenía cuerda para rato. La serie siguió puliendo su mezcla de simulación de salón y aventura ligera, siempre con ese tono amable que la distinguía de los simuladores áridos. Cierre de trilogía para una franquicia que solo Japón pudo concebir y sostener.

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