Fue uno de los primeros juegos que mostró de qué era capaz la consola de NEC al llegar a Estados Unidos: un guerrero armado con un hacha que puede cargarse para golpes más poderosos, recorriendo escenarios con parallax scrolling y animaciones que en 1989 se sentían un paso adelante de lo que ofrecía la competencia. La estructura de acción y plataformas es directa, pero está resuelta con una solidez técnica que llamó la atención de la prensa de la época.
Se lo sigue recordando como uno de los buenos representantes del catálogo de lanzamiento de TurboGrafx-16, la clase de juego que convencía a los primeros compradores de que habían elegido bien su consola.

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