Journey, publicado por Bally Midway en 1983, es una de las rarezas más curiosas del cruce entre música y videojuegos: los cinco integrantes de la banda de rock homónima, retratados con sus rostros digitalizados, recorren distintos escenarios recolectando instrumentos y equipo de sonido para poder tocar en el show final. Fue una de las primeras licencias musicales serias del arcade. Hoy se lo recuerda sobre todo como curiosidad de época: un experimento de merchandising interactivo que anticipó, torpemente pero con sinceridad, la larga tradición de videojuegos con licencia musical que vendría después.
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