Sonic Blast Man no es un juego en el sentido convencional sino un medidor de fuerza con temática de superhéroe: el jugador debe golpear con el puño una almohadilla sensible mientras una pequeña narrativa en pantalla —salvar a la ciudad de distintas amenazas— acompaña cada golpe, y el resultado se traduce en un puntaje de potencia que invita a competir con otros jugadores del salón por la marca más alta.
Es un ejemplo particular del arcade de fines de los ochenta y comienzos de los noventa que exploraba el input físico directo como atractivo central, en la misma familia de ideas que las máquinas de boxeo o los medidores de fuerza tradicionales de parque de diversiones, pero con la vuelta de tuerca narrativa propia del videojuego.

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