Micro Machines 2 lleva a la Game Boy la fórmula que hizo célebre a la serie: coches diminutos corriendo sobre superficies cotidianas -una mesa, un jardín, una bañera- vistas desde una perspectiva cenital que juega con la escala como parte del encanto visual.
Es una de las sagas de carreras arcade más queridas de los 90, y esta entrega portátil conserva buena parte de esa velocidad caótica y multijugador que definió a la franquicia en consolas de sobremesa.

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