Propone componer música directamente en la consola, con un editor de pistas y sonidos pensado para experimentar más que para competir, una rareza dentro del catálogo mayoritariamente orientado al juego puro. Publicado en Europa en varios idiomas.
Hoy es una pieza de culto entre quienes exploran el uso creativo y no convencional de Game Boy Color, cercana al espíritu de los trackers de música por chip.

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