Wario Land 3 abandona la estructura lineal tradicional del plataformero para proponer un mundo interconectado donde el orden de exploración importa: cada nivel esconde tesoros y transformaciones para Wario -convertirse en piedra, en bola de fuego, en un muñeco de nieve- que abren nuevos caminos en niveles ya visitados, en una estructura que roza el diseño de un metroidvania. Es, para buena parte de la crítica y los jugadores, uno de los mejores plataformeros de toda la biblioteca de Game Boy Color: ambicioso en su diseño de niveles, generoso en secretos, y con la personalidad codiciosa y gruñona de Wario en su mejor versión.
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