Reúne pruebas cortas y absurdas que imitan géneros televisivos -de concursos a reality shows- con el humor físico y sin diálogo que convirtió a los conejos alocados en una marca propia, más popular incluso que Rayman, su creador original. Es una de las entregas más recordadas de los Rabbids, que en pocos años pasaron de ser villanos secundarios de una plataforma a protagonistas de su propia franquicia de minijuegos.
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