Demake pirata del fenómeno de Capcom, parte de la fiebre de Street Fighter II que la escena Famiclone atendió cuando Nintendo no podía ofrecerlo en 8 bits. Sprites recortados, seis botones imposibles resumidos en dos y combates que desafían la lógica del hardware. Técnicamente heroico y comercialmente descarado: así funcionaba el mercado paralelo que llevó a Ryu donde no debía llegar.

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