Homebrew de premisa autoexplicativa: convertir la miseria del trabajo tedioso en materia de juego. La escena independiente de NES cultiva este humor cotidiano con cariño, transformando oficinas, encargos y jefes insufribles en obstáculos arcade. Partidas breves, ironía generacional y la catarsis menor de reírse del empleo desde un cartucho de 8 bits.

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