Juego para el Datach, el lector de códigos de barras que Bandai enchufaba a la Famicom: se pasan tarjetas con códigos y nacen robots de combate para el torneo. La fantasía de invocar luchadores desde tarjetas físicas anticipó toda la era de los juguetes conectados. Hoy es arqueología de periféricos: injugable sin su aparato, irresistible como concepto.

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