Boliche japonés de fines de los ochenta que traduce la liturgia del deporte a menús secos y ejecución precisa: elegir ángulo, aplicar efecto y leer la pista como un profesional de sábado por la noche. Sin fuegos artificiales: la satisfacción administrativa del strike bien construido. Parte de la ola de simuladores cotidianos que Famicom abrazó sin complejos.

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