Puzzle de Taito (1989) fiel a su subtítulo publicitario: un monje lanza bloques contra pilas de cubos, absorbiendo coincidencias y encadenando reacciones hasta vaciar la pantalla. Reglas de treinta segundos, dominio de meses, en la gran tradición del rompecabezas arcade japonés. De esos cartuchos humildes que secuestran tardes enteras sin pedir disculpas.

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