Activision imaginó el automovilismo del siglo 51: circuitos isométricos en planetas hostiles, naves equipadas con armas y dinero de premios que se reinvierte en mejoras. La física resbaladiza exige domar cada curva, y los rivales no compiten: atacan. Racer combativo con personalidad propia, antecesor espiritual de los combat racers que llegarían en la generación siguiente.
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