El título lo grita con doble exclamación: aquí hay estadio, rivalidad y sudor japonés de 8 bits. Pertenece a la nutrida tradición deportiva de la Famicom, donde cada temporada traía decenas de cartuchos compitiendo por el visto bueno de los recreos. Documento de esa liga interminable que se jugaba en los livings de Japón.

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