Solo la escena homebrew podía producir esto: un bingo que satiriza la eterna rivalidad entre GNOME y KDE, los escritorios de Linux, con número de versión incluido como buen software libre. Broma de programadores convertida en cartucho funcional, folclore de las comunidades open source trasplantado a 8 bits. Inútil, hermoso y profundamente sincero con su público.

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