Virgin puso el nombre de Greg Norman a uno de los golf más ambiciosos de la NES: swing técnico, campos extensos y hasta un editor para diseñar hoyos propios, lujo inaudito en 1992. Exigente como el propio Tiburón Blanco, apunta al purista antes que al dominguero. Golf de fin de generación, con más profundidad que fama.
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