La secuela olímpica de Konami cambia la pista de atletismo por natación, tiro al plato, arco y halterofilia, refinando el arte del machaque con dosis de ritmo y precisión. En Famicom fue cita obligada de reuniones y torneos caseros. Deporte de salón en su expresión más pura: reflejos, callos y revancha.

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