Propuesta bifronte heredada de las computadoras de 8 bits: pilotar un helicóptero de combate hasta territorio enemigo y luego infiltrarse a pie, gadget en mano, entre guardias y documentos secretos. Simulador y espionaje en un mismo cartucho, con esa ambición desmedida de los ochenta que no siempre aterrizaba, pero siempre fascinaba.
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