Bandai metió al Zeta Gundam en una cabina pseudotridimensional: combate espacial en primera persona alternado con fases laterales, persiguiendo la sensación del anime en pleno 1986. Célebre además por su edición final ultrarrara, es pieza temprana del larguísimo romance entre Gundam y las consolas. Ambición newtype sobre hardware terrícola.

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