Versión japonesa del juego que Occidente conoció como Deadly Towers: el príncipe Myer asciende torres malditas repartiendo espadas arrojadizas en un mundo abierto tan ambicioso como hostil. Célebre por su dificultad desorientadora, conserva un encanto sombrío innegable. Documento de la era en que la exploración libre se ensayaba a prueba y error.

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