Conversión del arcade temprano de Konami: una cerda defiende a sus lechones disparando flechas desde un ascensor a lobos que descienden en globos. Premisa absurda, ejecución quirúrgica: oleadas medidas, física limpia y ese lazo directo entre reflejo y recompensa. Clásico menor del salón de máquinas que encontró segunda vida en la Famicom.

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