Homebrew contemporáneo que lleva la tradición roguelike al chip de la NES: mazmorras generadas, muerte con consecuencias y esa aritmética de riesgo que define al género desde los tiempos del terminal universitario. La escena moderna sigue tratando la consola como plataforma viva, y piezas como esta demuestran que aún quedan géneros enteros por conquistar en 8 bits.

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