El ritmo callejero llevado al cartucho por el circuito paralelo: secuencias de baile, música insistente y esa energía de pista improvisada que floreció en los mercados Famiclone. Los juegos de baile fueron fiebre global, y las versiones no oficiales la llevaron a consolas de 8 bits con más entusiasmo que licencias. Patrimonio popular bailable.

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