Pepsiman convirtió a la mascota publicitaria de la marca de bebidas en protagonista de un endless runner exclusivo de Japón, donde el héroe azul y blanco esquiva obstáculos y atraviesa escenas de acción real filmadas de fondo. Su premisa absurda, su brevedad y su rareza como pieza publicitaria lo transformaron en un objeto de culto imperdible.
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