Neversoft y Activision cambiaron para siempre la relación entre videojuego y cultura urbana en 1999. La fórmula era simple y adictiva: dos minutos por sesión, una lista de objetivos, y un sistema de combos que premiaba encadenar trucos sin tocar el suelo. Su banda sonora punk y hip hop educó a una generación entera, y la versión PlayStation sigue siendo la definitiva del original.
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