Athena firmó esta curiosidad japonesa en la que el protagonista visita la mansión de su tío y descubre que cada habitación es una trampa mortal disfrazada de broma. La cámara fija y el planteamiento de prueba y error convierten cada sala en un acertijo: observar, deducir el mecanismo y morir de las formas más ridículas hasta dar con la salida.

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