Título ligado a la era Tokyo Drift de la franquicia: carreras callejeras y duelos de derrape en las curvas de montaña japonesas, con tuning visual y mecánico como ritual central y la estética de neón y fibra de carbono que definió a la película.
Es una cápsula perfecta del momento cultural drift de mediados de los 2000. Como arcade nocturno de bolsillo, cumple con la fantasía: contravolante, humo y orgullo.

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