Rareza japonesa de tono deliberadamente absurdo protagonizada por Lester, con un humor excéntrico ya desde su propio título casi impronunciable. Es uno de esos cartuchos exclusivos de Japón que circulan entre coleccionistas precisamente por su condición de extravagancia: poco documentado, muy peculiar y con esa estética desenfadada que solo la Super Famicom de mediados de los noventa producía.

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