Segunda entrega de la serie Kiwame, continuación del mahjong de vocación profesional que se distinguía por su seriedad: reglas oficiales, oponentes competentes y presentación sobria. Frente al aluvión de mahjongs con envoltorios excéntricos que poblaba la Super Famicom, esta saga defendía la ortodoxia. Los aficionados serios la tenían en un altar discreto.

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