Nostradamus toma prestado el nombre del astrólogo y médico francés, célebre por sus profecías apocalípticas, para vestir una aventura de acción con tintes de fantasía oscura, un recurso temático habitual en el arcade japonés de la época para dotar de misterio a una fórmula de juego ya conocida. Es un título de circulación limitada, documentado principalmente en catálogos de preservación, que hoy interesa sobre todo por esa curiosa apropiación de una figura histórica real como gancho narrativo.

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