Bangai-O llegó a Occidente conservando intacta la idea central de Treasure: robots que absorben misiles enemigos para devolverlos multiplicados, niveles pensados como acertijos de destrucción y un cooperativo que multiplica el caos en pantalla hasta límites casi ridículos.
Con el tiempo se convirtió en un juego de culto, redescubierto por la comunidad shmup y celebrado como uno de los mejores exclusivos tardíos de la consola. Sigue siendo una experiencia única, difícil de replicar en cualquier otra máquina de la época.
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