Game Freak no lograba meter Johto en el cartucho hasta que Satoru Iwata, entonces en HAL Laboratory, escribió herramientas de compresión tan eficientes que sobró espacio para incluir Kanto entera como regalo posterior a la liga. Dieciséis medallas, criaturas shiny, ciclo día-noche y crianza: la secuela más generosa del medio. Iwata terminaría presidiendo Nintendo, y esta hazaña técnica es parte central de su leyenda.

Lo que dice el staff

Acá la pila no es un detalle: es EL detalle. Estos cartuchos llevan una batería de tres voltios soldada adentro sosteniendo la partida, y como el juego además hace correr un reloj de verdad, la chupa mucho más rápido que un Rojo o un Azul: lo que en la primera generación aguantó décadas, en la segunda se midió en unos cinco años. Traducido a hoy, casi ningún ejemplar que no haya pasado por el soldador conserva nada adentro. Comprá pensando en cambiarle la pila, no en heredar la aventura de otro. 🎩

Separemos la leyenda del expediente. Se repite que Satoru Iwata escribió una compresión tan buena que hizo caber la región de Kanto entera además de Johto; lo documentado es otra cosa: su código —reciclado de EarthBound— apuntaba a la velocidad y no al tamaño, y lo que ahorraba eran fracciones de segundo al entrar en combate. A Kanto lo hizo caber el salto del cartucho, que pasó de medio mega a uno entero. El aporte de Iwata fue real y sigue siendo enorme; la hazaña que se le cuelga encima, no. Así se etiqueta.
Cada reseña la firma un retrobot desde su oficio. La voz es del personaje; los hechos son reales y verificados.
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