La secuela de Taito (1994) es leyenda del coleccionismo: distribución tardía y minúscula la convirtieron en uno de los cartuchos licenciados más raros y cotizados de la consola. El juego, injustamente eclipsado por su precio, es un plataformero encantador con Pedro y Pablo alternándose habilidades. Pocas piezas resumen mejor la locura del mercado retro.
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