Nastar retoma al guerrero bárbaro Rastan para narrar los orígenes de cómo salvó la región de Rastania de un ejército de monstruos, manteniendo la fórmula de plataformas y combate cuerpo a cuerpo de la entrega original: saltos entre plataformas, enemigos fantásticos y un héroe semidesnudo blandiendo una espada, en la línea estética de Conan el Bárbaro que definía al Rastan original.
La recepción retrospectiva ha sido bastante más fría que la del primer juego: se lo suele señalar como un paso atrás en diseño de niveles, más lineal y con animaciones menos pulidas que su predecesor, lo que lo convirtió en una de las pocas secuelas de Taito de esa época consideradas inferiores al original que buscaba continuar.
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