Nibbler traslada al arcade el concepto que después haría famoso el 'juego de la víbora' de los celulares Nokia: una criatura serpentina se desplaza sin pausa por un laberinto, creciendo cada vez que come, con el desafío de esquivar tanto las paredes como el propio cuerpo cada vez más largo del personaje. Fue, en su momento, uno de los juegos con el mapa de niveles más extenso del arcade, con cientos de pantallas distintas.
Es una pieza de culto dentro del género de laberinto de comienzos de los ochenta, recordada tanto por esa escala inusual de contenido como por sentar, mucho antes de la explosión de los teléfonos móviles, las bases de una fórmula de crecimiento progresivo que décadas después se volvería un clásico instantáneo en un formato completamente distinto.
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