The Dealer propone partidas de cartas contra la máquina o contra otros jugadores, dentro del enorme catálogo de arcades de juegos de mesa que convivió con la acción y los disparos en muchos salones, especialmente en mercados donde este tipo de entretenimiento tenía buena aceptación.
Es representativo de un costado del negocio arcade poco recordado en las historias generales del medio: el de las máquinas de cartas y azar liviano, un mercado paralelo al de la acción que sostuvo a numerosos fabricantes durante décadas.
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