SSI y U.S. Gold llevaron en 1988 la saga Dragonlance al terreno de la acción directa: ocho héroes intercambiables —de Tanis a Raistlin— descienden a la ciudad hundida de Xak Tsaroth en busca de los Discos de Mishakal, custodiados por la dragona Khisanth.
Cada personaje aporta su arte: espada, magia o proyectiles, y perder a uno duele como en la novela. Una rareza para su tiempo: los dados de Krynn jugados a puro reflejo.
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