Days of Thunder llegó a las computadoras con el envión del film de 1990: stock cars a fondo en los óvalos estadounidenses, paradas en boxes y esa rivalidad de casco y orgullo que la pantalla grande volvió taquilla. La adaptación casera apostó por la velocidad en primera persona.
Chapa contra chapa a 300 kilómetros por hora: el reto era mantener el auto entero hasta la bandera a cuadros. Licencia de cine, olor a goma quemada.
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