Cualquier lector de Tolkien reconoce la resonancia: Gil-galad fue un alto rey élfico, y este Gilgalad atariano toma prestada esa música de fantasía heroica. Es todo lo que puede afirmarse con honestidad: el resto de la ficha técnica se perdió en la niebla de los catálogos europeos.
Sin editor confirmado ni año firme, la pieza queda como invitación: cargar el disco, cruzar la puerta y averiguar si adentro esperan elfos, espadas o alguna sorpresa sin genealogía literaria.
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