Richard Petty's Talladega (Cosmi, 1985) trajo a los micros la catedral del óvalo americano con el aval del Rey en persona: doscientas vueltas potenciales de rebufo, tráfico y gestión de neumáticos en el circuito más rápido del stock car.
La NASCAR era rareza absoluta en las computadoras de la época, lo que le da valor de pionero. Manejar como Petty no garantiza el juego; prestar su bigote y su firma, sí.
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