Speed King llega al catálogo con la modestia de un monarca absoluto y sin papeles que acrediten la dinastía: ni créditos, ni año. La velocidad como título fue género en sí mismo: prometer vértigo alcanzaba.
Adentro se espera lo que la corona exige: aceleración plena, rivales que molestan y curvas que cobran impuestos. El trono se defiende en cada vuelta.
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