Adaptación portátil de la segunda película de los Cazafantasmas, en la línea de las muchas versiones que la franquicia tuvo en aquellos años. Recoge la iconografía del film -los trajes, los protones, el limo bajo Nueva York- y la comprime en acción de pantalla chica.
Los juegos de Ghostbusters de la época fueron célebremente desparejos y este pertenece a esa tradición. Se lo visita hoy más por curiosidad de fan que por sus virtudes, y aun así tiene el atractivo de ver una película enorme reducida a unos pocos píxeles.
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