Super Breakout trajo a la Game Boy la fórmula que Atari perfeccionó en los salones recreativos: una paleta, una pelota y filas de ladrillos por destruir, con variantes de juego que sumaban pelotas múltiples o disposiciones distintas de bloques para complejizar lo que en esencia es un concepto muy simple. Es una pieza de la prehistoria del videojuego adaptada casi sin retoques a la portátil de Nintendo.
Sigue siendo, décadas después, un ejercicio de reflejos puro y efectivo, de esos juegos que no necesitan explicación y que funcionan igual de bien en sesiones de un minuto que en maratones.
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